Martes 23 de Octubre, 23:23 hs

Los hombres Provida en Argentina también participan en el debate sobre el aborto

Por Boris Stankievich*En los últimos meses la sociedad argentina ha desviado su atención de los habituales problemas económicos y ha debatido de forma intensa y sin referencias partidarias la cuestión del aborto desde todas sus aristas. El tema ha atravesado los agrupamientos políticos más importantes de manera que, en la mayoría de los partidos aparecen militantes “Prolegalización” (o despenalización); y otros “Provida”. El proyecto de ley de legalización del aborto, aprobado por escaso margen en la cámara de diputados, estuvo acompañado de un nutrido y fervoroso grupo integrado mayormente por mujeres identificadas por usar pañuelos verdes acompañadas con simpatía por los medios de comunicación más importantes del país. 
Lo que vino a continuación fue inesperado: una cantidad sorprendente de militantes Provida,  mujeres en cantidad considerable pero, llamativamente, hombres en un número destacado se movilizaron en todo el país para hacer oír su voz y sus argumentos. La iglesia católica apeló a la movilización a través de sus obispos e instituciones educativas y Las iglesias evangélicas convocaron a cientos de miles de personas, especialmente jóvenes,  produciendo una insospechada “marea celeste”. 
Fue así que varios de esos hombres “Provida” llegaron para tomar en sus manos la defensa de lo que consideran un “elemento sagrado de la sociedad”, como piensan que son los embriones en el vientre materno. Son padres de familia, militantes sociales, practicantes religiosos católicos o evangélicos, librepensadores, profesionales de la medicina, (muchos de ellos ginecólogos y obstetras), docentes y estudiantes. También hay entre sus filas hombres que ejercen oficios de la más variada clase. En las últimas semanas dedicaron mucho tiempo a manifestar su posición en las redes sociales, grupos de opinión, mensajes a los legisladores y manifestaciones en mayoría de las ciudades del país. Muchos de ellos, muy probablemente la mayoría, han tenido habitualmente una actitud de indiferencia o pasividad respecto a cuestiones de política pública de esta naturaleza. Sin embargo ante una cuestión tan sensible como la legalización del aborto salieron, no solo a opinar sino, en muchos casos, a encabezar los grupos Provida.
Gabriel Venica, profesor universitario y empresario de la provincia de Santa Fe es uno de esos muchos hombres que en los últimos días distrajo su atención de los asuntos de una empresa familiar para dedicarla a trabajar con entusiasmo en los grupos que se oponen a la legalización de una práctica calificada como “asesinato”. Creó agrupaciones Provida, llamó a comunicarse personalmente con los senadores, comentó insistentemente en las redes sociales, colaboró en manifestaciones y piensa que esto es “solo el comienzo de un movimiento más ambicioso en pro de neutralizar la agenda de políticas públicas concernientes a Salud y Educación que impulsan especialmente los partidos de Izquierda pero también un sector no menor del espacio oficialista.
Franco Gussoni, profesor de catequesis en escuelas católicas de la ciudad de Necochea, dedicó igualmente gran parte de su tiempo a “militar por la vida” y logró una manifestación multitudinaria como hacía mucho que no se veía, en una ciudad donde por lo general sus habitantes dicen de sí mismos que se caracterizan por la apatía y la escasa participación civil.
Todos reconocen que el tema es complejo y supone resolver un dilema entre dos males. Pero advierten también que el tema del aborto es uno más en los temas de políticas de género que impulsa el progresismo de izquierda en nuestra sociedad. Y ya hay entre aquellos que simpatizan con el presidente Mauricio Macri algunos que piensan que es hora de exigir la renuncia del ministro de Salud de la Nación, Dr. Adolfo Rubinstein por su declarada posición y activismo “proaborto”, y revisar las políticas educativas sospechadas de “marxismo cultural”. 
En todo caso nuestra Sociedad coincide en que deben aumentarse los esfuerzos en materia de Educación Sexual, flexibilizar las leyes que regulan la adopción, mejorar las políticas de planificación familiar, acompañar a las mujeres durante el período de gestación y llamar a una profunda reflexión acerca del sentido de la vida, de las relaciones humanas, la procreación como impulso vital, la atención sobre las necesidades del prójimo y la primacía de la vida humana con el desarrollo de sus potencialidades. Todas estas cosas exceden ampliamente la sola cuestión del aborto. Por lo cual es deseable que este amplio debate que se ha dado en la Argentina sea el proemio de un acuerdo más profundo, propio de una sociedad moderna que busca ajustar sus regulaciones éticas y morales en medio de una época confusa.

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