Lunes 10 de Diciembre, 10:33 hs

A 30 años de la tragedia del TC que dejó 13 muertos

Este martes 6 de marzo se cumplirán tres décadas de la mayor tragedia que produjo el automovilismo argentino cuando en la vuelta 15º de la final de la competencia de Turismo Carretera desarrollada en el circuito semipermanente “Benedicto Campos” en Quequén, se reventó el neumático delantero izquierdo del auto de carreras del piloto Edgardo Caparrós en plena avenida Almirante Brown, a pocos metros de la rotonda de la desaparecida estación de servicio conocida como “Armando J. Ríos”, y descontrolando fue hacia el público, provocando el fallecimiento de 13 personas, entre ellas su acompañante, y dejando 30 heridos más. Fue la última carrera de TC que se vio por aquí, con secuelas deportivas y económicas que se fueron dando con el paso del tiempo*Por Jorge Gómez(Colaboración)/Hace 30 años, un 6 de marzo de 1988, ocurría en Quequén una tragedia deportiva de las más importantes de la historia automovilística nacional durante la final de una competencia de Turismo Carretera, la más popular de las categorías del deporte motor argentino. 
El despiste del automóvil de Edgardo Caparrós dejó 13 personas fallecidas y un inmenso dolor en todo el automovilismo, al igual que en las comunidades de Necochea, Quequén y La Dulce, de donde eran oriundos varios de los fallecidos.
Por estas horas se están cumpliendo tres décadas de aquella trágica jornada del domingo 6 de marzo de 1988, cuando esas 13 personas perdieron la vida a raíz del despiste protagonizado por el auto de carreras de Edgardo Caparrós durante la final del TC.
El denominado circuito “Benedicto Campos” presentaba importante falencias, señalan las crónicas de la época, en un tramo que unía la Guillermina con la avenida Almirante Brown, y la ubicación del público, similar a lo que acontecía en circuitos semipermanentes como éste, era también muy cercana a los pasos de los autos.
Ese domingo de verano era una fiesta desde bien temprano, con un importante marco de espectadores que desde diversos lugares del país vieron en primer término como Osvaldo Morresi y Oscar Angeletti habían ganado las respectivas series, mientras que Oscar Aventín se había impuesto en el repechaje.
La final estaba programada a 21 giros, pero la vuelta número 15 fue fatídica. Roberto Mouras lideraba la carrera por casi 5 segundos sobre Jorge Oyhanart y octavo se ubicaba la Dodge azul de Edgardo Caparrós.
Ese auto iba a protagonizar un terrible accidente, muy cerca del frenaje de la Avenida Almirante Brown, a casi 300 metros antes de ingresar a la rotonda conocida como la estación de “Armando J. Ríos” que lo depositaría en la Ruta 88.
El auto de Caparrós salió descontrolado hacia el público producto de reventar el neumático delantero izquierdo, lo que provocó el fallecimiento de 13 personas, entre ellas su acompañante, Alberto Belloli, a lo que se sumaron 30 heridos más.
Consecuencia de aquel terrible acontecimiento, y con el paso de los años, fue la Municipalidad de Necochea la que debió hacer frente a una serie de juicios que se produjeron a consecuencia de las muertes. 
El expediente original se caratuló “Marcelo Echeverría y otros c/Caparrós Edgardo” y el municipio afrontó un buen número de los montos de resarcimiento, como consecuencia de no poder responder con su patrimonio los restantes condenados, como el Club Palermo, entidad que organizó la prueba, y la Asociación de Corredores de Turismo Carretera (ACTC).
Hay apuntes que vienen del tiempo que informan de que otros juicios también fueron atendidos con recursos de la Provincia de Buenos Aires, en una secuencia que se fue dando con el paso posterior de los años.
Aquella competencia deportiva, un clásico del TC y del automovilismo argentino de alto raigambre en nuestras ciudades y la zona, fue la última que se produjo para la máxima categoría del deporte motor nacional que se vio por aquí.
A casi tres décadas del hecho en sí, vale citarlo y ponerlo en referencia histórica, con el consiguiente dolor que aún perdura entre aquellos que de una u otra manera fueron partícipes de una fiesta que terminó en tragedia. 
Quien escribe estas líneas fue uno de los afectados por el diario local para la cobertura periodística de la competencia, la que arrancó siendo una increíble fiesta –como eran las carreras de TC en circuitos permanentes como el nuestro- y que finalizó en una increíble mezcla de llantos, dolores que llegan hasta estos días y muertes.
 

Comentarios Libres